¿Por qué a los ojos?

Los procesos de movilización y represión de la protesta social en diferentes lugares del mundo, han sido signados por un mismo modus operandi: las lesiones oculares deliberadas hacia los y las manifestantes.

02/12/2021
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“…qué viaje es este hermanos para dónde vamos
con pasajes de Primera y pasajes de Tercera”

Ernesto Cardenal

Cierto es que a este mundo, si algo le sobra, es belleza. Mientras se pueda aquí la cantaremos.

 

Pero también es cierto que hay demasiado dolor innecesario en el mundo. Añadido este por los humanitos, como nos llamaba Eduardo Galeano dada nuestra evolución reciente y escasa madurez.

 

Los humanitos tenemos todo el derecho a no perdernos la belleza. De la misma manera el deber de no hacernos los locos ante el dolor innecesario.

 

El viernes 29 de octubre un joven indígena panameño del pueblo Ngabe, Diomedes Santos se llama, perdió la visión de un ojo durante un desalojo de la policía. Él y un centenar de personas de todas las edades ocupaban un área aledaña a los límites de la Comarca Ngabe Buglé. Desde hace años están ahí, muy cerca a la hidroeléctrica de Barro Blanco, a la que consideran ilegal, inconsulta y contraria a sus derechos/propiedad territoriales: sencillamente les ha fregado la vida.

 

Los habían desalojado en junio de un sitio aledaño y se trataba de hacer lo mismo ahora que se movieron a una propiedad privada. Sobre el tema hay bastante información en la red para quien quiera saber.

 

La incursión de la Policía Nacional fue temprano en la mañana, luego las redes sociales difundían los resultados. La foto de Diomedes con el ojo derecho destrozado se hizo viral junto con otras de niños, mujeres y hombres adultos malamente heridos. Más tarde la policía adujo que cinco de sus miembros también habían resultado heridos – algo sin duda igual de lamentable, pero solo mostraron la foto de un policía herido.

 

Machetes, un hacha, biombos (resorteras) y dos petardos fueron señalados como el “armamento” de los indígenas: si por eso nos guiamos todo el interior de Panamá está plagado de insurgentes armados. De los petardos, nos disculpa la autoridad pero nadie se la cree.

 

Brutalidad, fue. Innecesaria, también. Y resta una pregunta de fondo: ¿por qué un policía disparó a los ojos a Diomedes Santos? Más allá todavía, ¿por qué este comportamiento policial se ha desatado en los últimos años en diversidad de países? ¿Casualidad? El tema se ha estudiado y los resultados indican que no.

 

En un informe de noviembre del 2019 Amnistía Internacional acusó al gobierno de Chile de haber lastimado deliberadamente a los manifestantes. Erika Guevara Rosas, directora de AI señaló: "La intención de las fuerzas de seguridad chilenas es clara: herir a quienes se manifiestan para desalentar las protestas". Solo entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre del 2019, al menos 347 personas resultaron con lesión ocular  – en su mayoría por impacto de balines. Durante el 2019 alrededor de 300 personas perdieron uno o ambos ojos tras sufrir lesiones por la policía antimotines.

 

“La pregunta que ya estaba circulando era de si disparar a los ojos de los manifestantes se trataba de una estrategia que la policía implementaba de manera intencional”, indica el informe de Amnistía Internacional.

 

Enrique Morales Castillo, presidente del departamento de derechos humanos del Colegio Médico de Chile dijo a la BBC: "…ninguna otra nación ha reportado este número de casos (de lesiones oculares) […] Las cifras aquí superan cualquier otra referencia que tengamos".

 

Como veremos luego don Enrique no conocía las cifras alcanzadas en Bocas del Toro, Panamá, en dos semanas de noviembre del 2010.

 

¿Disparan a los ojos como una estrategia de cegar las luchas, los sueños, de crear miedo?  Cuando las luchas son justas y en defensa de la vida es imposible cegarlas. Tarde o temprano otros ojos y cuerpos aparecen en el camino de las reivindicaciones. Decir esto no es panfletario: basta con ver la historia.

 

Más noticias.  “El Consejo de Europa […] instó a Francia a detener el uso de balas de goma tras los informes de la ONG Disarm Collective, según los cuales más de 100 personas sufrieron heridas graves entre noviembre de 2018 y enero de 2019. La pérdida de visión en un ojo ascendió al menos a 17 de esos casos”.

 

A finales del 2019 la BBC se preguntaba ¿Por qué tantos manifestantes alrededor del mundo están sufriendo lesiones en los ojos?. “El mundo vive una ola de masivas protestas callejeras que a menudo terminan en disturbios, violencia, heridos y hasta muertes. Y ha comenzado a llamar la atención una herida en particular: las lesiones oculares causadas por balas de goma”, decía a manera de subtítulo. “Daño deliberado”, “Fenómeno global”, fueron otros subtítulos.

 

“Balas de goma” suena a pistolas de juguete, pero hacen mucho daño. El 2017 un equipo de investigadores estadounidenses que analizó más de 26 estudios realizados en el mundo entero a partir 1990, observó que en la mayoría de los países "…no existe un requisito legal para que las fuerzas del orden público recopilen datos sobre lesiones causadas por proyectiles de impacto cinético, conocidas como KIP o balas de goma”.

 

Colombia. En junio de 2021 se reportó que en poco más de un mes de manifestaciones, al menos 65 personas habían sufrido lesiones oculares. Todas tenían un denominador común: fueron producidas por personal de la fuerza pública. "El policía lo hizo con toda la intención del caso", dijo una víctima.

 

En algunos países los casos se juntan a motones, en otros ciertamente son aislados. En 2019 y 2021 hubo varios casos en España, con denuncias de los propios policías ante colegas que enviaban memes riéndose de una joven que perdió un ojo en Barcelona.  Paraguay, marzo 2021, denuncia de disparos de balines de goma directo a los ojos. En Ecuador, más afectados en el contexto de las protestas de octubre del 2019. En Hong Kong, los manifestantes llevaban parches sobre el ojo derecho lo que se convirtió en un símbolo en las protestas.

 

Se busca en la red y saltan los reportes:

 

  • “En el conflicto entre israelíes y palestinos un estudio encontró, entre 1987 y 1993, 154 casos de lesiones oculares durante enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad”.
     

  • “En la región de Cachemira controlada por India, la BBC informó el 2018 que cerca de 3,000 personas habían sufrido daños oculares en los últimos años, debido al uso generalizado de municiones no letales contra los manifestantes”.
     

  • Venezuela. Rufo Chacón, de 16 años, perdió los dos ojos por perdigonazos en el Táchira, a  inicios de julio 2019.
     

Según Physicians for Human Rights, ONG con sede en EE.UU., “…es raro que los oficiales involucrados en tiroteos que utilizan estas armas no letales sean procesados”.
 

Y en Bocas del Toro, Panamá, la represión policial contra indígenas en noviembre del 2010 resultó en un saldo  – en dos semanas – de 716 heridos, 4 muertos y 76 personas que perdieron uno o los dos ojos por perdigones y balas. De esos 76 ciegos o casi enteramente ciegos ¿sabemos sus nombres? ¿Los ha atendido el Estado en alguna forma?
 

Clementina Pérez, mujer Ngabe y dirigente del Movimiento 22 de Septiembre de la iglesia Mama Tatda, nos explicó que el joven Diomedes Santos creció huérfano de madre y fue criado por su abuela, hoy de 95 años. Tenía él una tienda en el sector que ocupaban en Barro Blanco (desbaratada en el desalojo) y es además trabajador itinerante en la provincia de Veraguas, en potreros, corte de caña y así.
 

Otra vez: Diomedes perdió un ojo y el otro lo tiene dañado. Al día de hoy sigue hospitalizado en la Regional de David junto con un compañero más, Arcadio Garcia. ¿Habrá investigación? ¿Y si la hay, hasta dónde llegará? ¿Y cómo será en adelante la vida de Diomedes? ¿A quién le importa? Clementina mencionó también que a Presiderio Santos, una de las 13 personas que se llevaron detenidas el 29 de octubre, “…lo colgaron de los pies en el cuartel y lo golpearon preguntándole quién inventó eso de resistir al desalojo”.
 

Cómo se pude creer que estas personas no van a quedar de por vida percibiendo a la maquina violenta del poder y sus aliados, diciéndoles a la mala: les quitamos los ojos para que no vean el camino a seguir, para que se queden en la oscuridad del miedo. Pero, conociendo la valentía y la historia de estos pueblos y en especial del combativo pueblo Ngabe, se sabe que otras miradas desde otros cuerpos se sumarán. Miradas no solo para ver – simples observadores – sino para denunciar y poner el hombro… Para ir creciendo y madurando como especie junto a la gente solidaria que en Panamá y en el mundo hay.
 

Jorge Sarsaneda del Cid describe una policía actuando en este y otros dos sucesos similares recientes en el país, “…con lujo de fuerza, destruyendo casas, echando gas a la gente, disparando balas de goma y perdigones, apresando gente”.
 

“¿De qué sirven las leyes si solo se aplican sobre quienes ´invaden terrenos´ pero no sobre quienes roban millones o dilapidan bienes del Estado? […]  ¿Qué diría Jesús?” – se pregunta este sacerdote jesuita panameño. “Los que roban una gallina, van presos; los que roban millones de dólares, tienen muchos abogados que los defienden y no van presos, al contrario, ¡hasta candidatos son! Los que sacan oro con una bandejita en ríos, están haciendo algo ilegal y van presos; los que se llevan miles de millones en oro y cobre, destruyendo el ambiente, esos tienen ´seguridad jurídica´”.
 

“¿Qué justificación tienen estas violencias? ¿Qué paz estamos trabajando con estas acciones? ¿Qué justicia queremos implantar? ¿Dónde está la violencia real?”, cuestiona Sarsanedas.
 

Ojalá estas líneas llegasen también al policía que disparó a Diomedes a los ojos. Y a sus superiores.
 

Ambos de nosotros contamos con buenos amigos en la Policía Nacional – sabemos que de plano rechazan acciones brutales, vengan de ellos o por supuesto contra ellos. Un día, pronto, tiene que erradicarse esta crueldad de disparar a los ojos, sancionándose con todo el peso de la ley a quienes la enseñan y la permiten.
 

Mientras y con el respeto que todos merecemos y ejercemos, aquí les dejamos la “Normativa y Práctica de los Derechos Humanos para la Policía”, publicación oficial de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (“obra de consulta de bolsillo y de fácil manejo para agentes de policía, dividida en temas de derechos humanos de especial interés como las investigaciones, la detención policial y el uso de la fuerza”).
 

https://www.alainet.org/es/articulo/214506

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