Otras voces, otras visiones

22/01/2019
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En principio, se trata de terminar con seis sexenios de modelo neoliberal. O, si se quiere, con el antiguo régimen, que viene desde 1929, en el que el PAN (2000-2012) sólo fue la continuidad del PRI. Un modelo de reconcentración del ingreso, con su estela de exclusión social, al que se sumó un clima de inseguridad y violencia, corrupción e impunidad, de los últimos doce años.

 

Apenas lleva unas cuantas semanas como presidente, y a Andrés Manuel López Obrador ya se le exigen cuentas como si llevara años. Él mismo ha propiciado esa exigencia a partir de una febril actividad desde los cinco meses del periodo de transición (julio-noviembre) antes de tomar, formalmente, posesión. Apoyadores y detractores le hacen un marcaje personal. No admiten que se equivoque. Le exigen cambios inmediatos. De qué calado o profundidad, depende de la correlación de fuerzas o de la lucha de clases, concepto y práctica que se quiere barrer.

 

En la euforia del triunfo electoral, indiscutible del 1 de julio, habló de una cuarta transformación, siendo las tres anteriores: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Y se ve, él mismo,   retomando las banderas de Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas. Apenas tiene tiempo: seis años… De ahí que actúe con prisa, cuando no con precipitación. Lo que genera contradicciones, como en el caso de la Guardia Nacional, más en función militar que estrictamente policial.  

 

Pero una cosa es que, al tercer intento, sea gobierno, y otra es que haya alcanzado plenamente el poder. Allí están sus pleitos a raíz de la suspensión de las obras de ampliación del aeropuerto de la Ciudad de México, que puso a temblar a los mercados y que derivó en la creación un concejo empresarial a manera de asesor. De ahí que el proyecto del Tren Maya, de carácter desarrollista, va porque va. Antes que hacer, o además de una consulta ciudadana, se debe consultar a las comunidades indígenas.

 

Y está el asunto del huachicoleo (ordeña de ductos de petróleo), donde se mezcla la pobreza y la ignorancia con el crimen organizado y lavado de dinero, delitos de cuello blanco. Bien por la decisión presidencial de agarrar al toro por los cuernos, pero habrá que ir al fondo en ese hoyo negro de la corrupción e impunidad. El accidente en el poblado de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, es una dramática manifestación de ello.

 

No es tarea fácil. Requiere de mantener a la sociedad alerta, movilizada e informada. En esto último, no bastan las conferencias mañaneras, que sólo reflejan la versión oficial, para contrastarla con el ruido mediático de los grandes consorcios. Si en verdad se quiere hacer efectivo el lema: Primero los pobres, no se trata de hablar por ellos, sino incluir en el debate sus voces, comenzando por no silenciar a las radios comunitarias. Algo nos pueden decir y enseñar de sus resistencias, luchas y visiones a lo largo del tiempo y el espacio. Sin ellas no habrá cuarta transformación que valga.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/197704

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